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Bendita por la nuraleza. La geografía costera de North Carolina hizo que Wilmington a fuera un lugar viable para asentarse y que llegara a ser la ciudad más grande del este del estado en sus comienzos. Afortunadamente y por diversos motivos, Raleigh y Charlotte la aventajan con creces en tamaño y actividades sincopadas, y hoy en día es su clima templado y soleado lo que le ha dado a Wilmington la reputación de ser el “Hollywood del este”, o Wilmywood, como también le llaman.

No debe causar sorpresa que la combinación de un frente de río y un frente de océano con un clima agradable todo el año lo haya convertido en un destino apetecible para gente que trabaja y para jubilados por igual: “Me siento como en Georgetown, en mi Guyana natal. Nada es muy alto, no hay grandes edificios, y todos se han visto al menos”, dice Alexander, un chef guyanés que vive en la ciudad hace ya varios años.

Sin embargo, en los albores del asentamiento europeo, no fue el clima sino el ancho río Cape Fear y el paso razonablemente seguro del Océano Atlántico lo que convirtió a Wilmington en un pueblo costero viable. Río arriba, lo suficientemente adentro para que fuera seguro atracar, Wilmington se convirtió en un puerto cuando la mayor parte de la costa este del estado estaba bloqueado por barreras de islas siempre cambiantes o por las inquietas aguas que separaban las islas.

Y todavía es un puerto activo. Wilmington ha aprovechado su frente en el río Cape Fear con una gran costanera, un hotel, tiendas, barcos que ofrecen tours y varios restaurantes fantásticos, todo ello con vista al buque USS North Carolina en la orilla opuesta.

El clima templado y soleado también ha atraído una nueva industria. En 1984 una pequeña película llamada Firestarter, con la actuación de la muy joven Drew Barrymore, se convirtió en el primer largometraje filmado en el este de North Carolina. Desde entonces, además de haber construido un estudio para “Dawson’s Creek” y “One Tree Hill,” se han grabado muchas películas, programas de TV y comerciales en Wilmington y sus alrededores, lo que le ganó el apodo de el Hollywood del este.

Además del clima, Wilmington tiene un clima propicio para los negocios, lo cual ha atraído a muchas otras empresas al área, incluyendo a BASF, Corning, DuPont, General Electric, International Paper, National Gypsum y Terex, además de varias farmacéuticas y otras grandes fuentes de empleo con nombres menos conocidos.

Otra gran fuente de empleo del área es también una de las razones por las que muchos jóvenes – y sus padres – vienen al área por primera vez (y a menudo se quedan). La Universidad de North Carolina en Wilmington, que tiene un plan de estudios bastante redondo que no por accidente incluye una especialización en cinematografía y le presentó a Wilmington a bastantes chicos que lo único que sabían era que el campus estaba cerca de una playa.

Las columnas blancas, calles adoquinadas y las fuentes de agua estaban perfectamente a la vista en el distrito histórico del registro nacional, que ocupa 230 cuadras, y es uno de los más grandes de los Estados Unidos. En Wilmington todo sugiere una elegancia gentil, y lo susurra en el más suave murmullo sureño.

Situada entre el Océano Atlántico y el río Cape Fear, Wilmington ha sido un imán para una variedad de personajes — soldados y soldados de la fortuna; caballeros y charlatanes; campesinos y piratas — Barba negra y su embarcación Queen Anne’s Revenge causaron terror en los bancos externos del río, pero el no menos famoso Stede Bonnet siempre prefirió los canales tranquilos del río Cape Fear.

Empiece por explorar la ciudad con un paseo de 30 minutos en carruaje por el corazón del distrito histórico. Las elegantes mansiones, a la sombra de las palmas, árboles de plátano y jazmines de Carolina son un arcoíris de colores (siendo el único requisito que el color seleccionado venga de los que estaban disponibles durante los años de la Guerra Civil.)

131009-wilmington-03Un poco de historia
Se puede dar un paseo por la historia de Wilmington en el museo Cape Fear, el más antiguo de North Carolina. Se empieza con las personas que vivieron originalmente aquí, hace 10,000 años y de ahí pasa a los colones que llegaron al bajo Cape Fear en 1722, e hicieron fortuna extrayendo alquitrán de los bosques de pinos de hoja larga. El museo también cuenta el importante rol de Wilmington en la Revolución y la Guerra Civil.

Los fanáticos de las bellas mansiones pueden elegir entre el estilo antebellum (la mansión Bellamy) y el victoriano (la Casa Latimer). La primera fue construida por un prominente médico/terrateniente en vísperas de la Guerra Civil, y es una mezcla de neogriego e de arquitectura italianizante, y sigue siendo uno de los más valiosos tesoros arquitectónicos e históricos del estado.

La segunda, con su ambiente de alumbrado a gas y su aura de clase alta, es una muestra del Wilmington de la época posterior a la Guerra Civil. Pero en cuestión de belleza pura nada supera a los Airlie Gardens. Ubicados en tierras cedidas por el rey Jorge III, los bautizaron así por el castillo Airlie de Escocia. Abarcan 67 acres de jardines de la edad dorada con lagos ornamentales.

Diseñados por Rudolph Topol, quien se volvió muy famoso por haber sido uno de los arquitectos paisajistas de Adolph Hitler, los jardines son un rayo de color casi todo el año, pero son particularmente brillantes en la primavera, cuando florecen 100,000 azaleas y 5,000 camelias.

Los atardeceres de Wilmington son venerados, con toda razón, y el mejor punto para admirarlos es caminando por la costanera Cape Fear, que abarca varias millas desde Chandler’s Wharf, hogar de los restaurantes de mariscos, hasta el Cotton Exchange, actualmente una cornucopia de tiendas especializadas.

131009-wilmington-02Vamos a la playa
A media hora en auto del centro de Wilmington hay tres comunidades de playa — Wrightsville Beach, Carolina Beach y Kure Beach — y cada una tiene su propia personalidad.

Rodeada por el Océano Atlántico y la vía intercostera, Wrightsville Beach es la de más alcurnia — un resort de primera clase desde 1853, cuando la construcción del club de yates de Carolina atrajo a los sibaritas de la alta sociedad de Wilmington.

En 1905 se abrió el pabellón Lumina, y por casi tres cuartos de siglo, hasta que cerró en 1973, fue el epicentro del entretenimiento en la isla. Actualmente las playas prístinas de Wrightsville están repletas de casas de verano, las hay majestuosas y modestas, incluyendo algunas cabañas remodeladas que se remontan al siglo XIX.

Añádale tiendas de lujo, restaurantes, lugares para alojarse y una colorida marina y se tiene el mejor resort de playa.

Si Wrightsville es una buena opción para aquellos que les gusta un poco de vida nocturna para cerrar sus días de playa, Carolina Beach y Kure Beach, ubicadas respectivamente en la punta norte y sur de Pleasure Island, son las alternativas familiares.

Estos son los pueblos de playa de nuestras fantasías juveniles. Los lugares donde se recogen conchas marinas para pulirlas cariñosamente durante los días del invierno, lugares para dar una caminata a la luz de la luna o — armados con una linterna — buscar cangrejos fantasma en la arena… si el otoño es espectacular y templado, el invierno no es casi nunca inclemente.

La brisa salada se siente mejor, todos sueñan con poder embotellar el olor del mar de las playas de Wilmington, que tienen un aire a las de Florida, pero que son aún más bellas para muchos. Se dice también que son las más limpis de todo los Estados Unidos.