El 20° Festival de Cine Cucalorus nos deja con ganas de más

Festival de Cine de Cucalorus

El Director Ejecutivo Dan Brawley, vestido en una piyama de una sola pieza, con su roja cabellera en coletas dobles, estaba sentado de piernas cruzadas en el escenario del Thalian Hall para darnos la bienvenida al vigésimo Festival de Cine Cucalorus.  Brawley recortó las letras C-U-C-A-L-O-R-U-S y las colocó en un proyector de techo, algunas de ellas de cabeza, ante aplausos y clamores de un público listo para sumergirse en las 259 películas de 23 países que se mostrarían a lo largo de los siguientes cuatro días y que incluyen 43 largos narrativos, 21 documentales, 145 cortos, el popular Dance-a-Lorus, una colaboración mixta de danza y cine, 35 videos musicales, siete obras en progreso y una variedad de fiestas.

La asistencia este año alcanzó la cifra record de 15,743 (un aumento de 7% con respecto a 2013) y generó $67,513 en taquillas (un aumento de 10% con respecto a 2013).  Por segundo año consecutivo, la revista MovieMaker votó por Cucalorus como uno de los 25 festivales más chéveres del mundo.

Mientras Brawley nos daba la bienvenida, la emoción le cerraba la garganta.  Su energía creativa es gran parte de lo que hace que Cucalorus vibre. Y sin duda vibró, resonó y brilló superando normas y restricciones sociales.  La esencia del festival es ver películas que desafían todo tipo de tabúes, películas que el público no vería fuera de un festival que no ofrece premios. El resultado es una atmósfera relajada, energizada y creativa.

Festival de Cine de Cucalorus“Yo he ido a muchos festivales en la última década, y cada vez me siento más atraído hacia los festivales que tienen un ambiente más personal, que ofrecen un foro único y que celebran el cine”, dijo Peter Mackie Burns, un galardonado cineasta escocés, quien vino a Wilmington para el estreno de su corto Happy Birthday to Me.

“Lo que me gusta de este festival es que no es competitivo. Platico con otros cineastas y con gente que se sienta a mi lado y eso se siente más auténtico, que (las conversaciones con) aquellos que van a veinte o treinta festivales de cine al año.”

El corto In Daylight de Chris McKee, un cineasta local y egresado del programa de cine de la UNCW, estuvo en el mismo grupo de cortos que el de Burns.

“Para mí es una oportunidad de hablar y aprender de gente como Peter,” dijo McKee, “y tengo la suerte de vivir aquí.”

Yndiana Montes de www.visitewilmingtonnc.com se reunió con Burns y McKee fuera de la proyección nocturna de la película ucraniana, The Tribe.  Una película oscura y estremecedora sobre un chico sordomudo al que mandan a un internado y queda atrapado en la jerarquía de una red de crimen y prostitución.

Festival de Cine de Cucalorus

“Está muy bien hecha”, dijo Burns, “es una película que da asco y es difícil de ver. Yo ya la había visto, pero quería verla en pantalla grande. Al principio me puse la manos sobre los ojos, pero después me di cuenta de que es para verse y que no pasa por alto cosas que otros pasan por alto, así que abrí los ojos.”

El pintoresco centro de Wilmington atestado de cinéfilos, en los cafés, restaurantes y bares, y a lo largo de la costanera que bordea el río Cape Fear, un merecido indulto para los ojos cansados que han estado viendo muchas películas.  Desde la gala de apertura en la Bellamy Mansion, hasta el buffet de medianoche en el vapor de ruedas Henrietta, hasta los talleres cocteleros de las Bourgie Nights y los Sandwich ‘N Selfies en la 5 Star Tavern, había innumerables oportunidades de socializar entre películas. El clima ayudó, excepto por la  cancelación de King Kong que se iba a proyectar al aire libre como parte de la retrospectiva de Dino De Laurentiis.

El estatus de Wilmington como un  Wilmingwood se remonta a 1983, cuando se filmó Firestarter en el Orton Plantation.  Un panel dirigido por Brawley después de la proyección de Crimes of the Heart, de De Laurentiis (filmada en Southport) incluyó a su viuda, Martha, y a otras personas que trabajaron en esa película y que rindieron homenaje al hombre y a su amor por Wilmington.

Dan BrawleyEl panel también abordó el dilema actual en el que se encuentra la comunidad fílmica de North Carolina con el cambio a los incentivos fiscales, que hace que sea menos viable, especialmente para las grandes producciones, filmar en el estado.

Todo Cucalorus debe terminar, pero no sin alharaca, y la alharaca fue en verdad un estruendo con la última proyección, la proyección secreta, de la noche del domingo. El Thalian Black estaba lleno. Pero antes Dan Brawley y el equipo de Cucalorus hicieron su acto – – o, para ser más precisos – – su misa, de cierre.

Vestidos con luces parpadeantes y con rostros serios, Brawley y sus diáconos lanzaron un sermón al público, convertido en los feligreses de La Primera Iglesia Nacional del Pánico Exquisito, Sociedad Anónima.  El sermón: acostúmbrate a sentirte incómodo mientras exploras con tu arte, es eso lo que podría salvar al mundo, porque el arte te lleva a descubrir verdades que podrías desconocer.

La parte central de la misa fue la comunión, que consistía en una rociada estratégica de crema batida en botones con imágenes de partes del cuerpo que normalmente no se muestran en público. Nada es sagrado en Cucalorus, excepto el arte, la verdad y el arte de decir la verdad.

Después llegó el momento de la Proyección Secreta. Cuando las luces se apagaron fuimos llevados a Indonesia de la mano del estupendo cine de Joshua Oppenheimer. La película que vimos fue la secuela recién lanzada de aquella obra maestra, conmovedora y galardonada, The Act of Killing, que se proyectó en Cucalorus el año pasado. Ambas abordan el genocidio realizado en 1965 por el gobierno y sus secuaces contra más de un millón de indonesios, a quien se acusó de ser comunistas.

El año pasado vimos las filmaciones de Oppenheimer donde varios de los bribones explicaron, justificaron y recrearon los asesinatos que cometieron. La película de este año, The Look of Silence sigue la historia de un hombre, Adi, un optometrista de cuarenta años, y sus padres, quienes aseguran tener más de 100 años de edad. El otro hijo de la pareja, Ramli,  fue asesinado en 1965.

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Una impactante película de contrastes: Oppenheimer filma de cerca la límpida piel color moca de los padres de Adi, tan suntuosa como el verde trópico de su hogar, y en contraste con esas imágenes están los gestos presuntuosos y gráficos de los asesinos de su hijo, que hablan de cómo cortar una cabeza (desde el frente), y de la importancia de beber la sangre de la víctima (para no enloquecer).  Oppenheimer grabó a Adi confrontando a los asesinos, en escenas tensas cargadas de verdad y encubrimiento, negación y amenazas.

Oppenheimer escribe en www.thelookofsilence.com que él ya no está a salvo en Indonesia tras haber hecho esta película.  Cuando pasan los créditos, más de setenta y cinco por ciento aparecen como anónimos. Es una historia importante, capturada por un cineasta capaz y lo suficientemente valiente para filmarla. Un final muy adecuado para Cucalorus20.

No tomes nada demasiado en serio, pero tómalo todo en serio parecería ser el mensaje de Brawley. Él encontró su plataforma creativa, la convergencia del cine y la música, una fuente inagotable de cineastas jóvenes y llenos de talento y un público lo suficientemente amplio en Wilmington para aplaudir, resollar y menear la cabeza en señal de diversión o de estupefacción. El próximo año hazte el favor de darte la oportunidad. Ve una película que nunca pensaste ver. Sé parte de un público que dice, entreténganme, sorpréndanme, conmociónenme. Ábranme la mente.

Festival de Cine de Cucalorus

Dance-A-Lorus

http://www.cucalorus.org/blog/index.php/category/dance-a-lorus/

http://www.moviemaker.com/archives/festivals/25-coolest-film-festivals-world-2014/

Happy Birthday to Me

http://www.cucalorus.org/film_Detail.asp?id=2182

In Daylight

http://www.cucalorus.org/film_Detail.asp?id=2162

The Tribe

http://www.cucalorus.org/film_Detail.asp?id=2143

The Look of Silence

http://thelookofsilence.com/

Acerca de la autora

Amy Lyon, amylyon@gmail.com, periodista y escritora free-lance, escribió The Couple’s Business Guide, How to Start and Grow a Small Business Together, y el recetario, In A Vermont Kitchen. Recientemente terminó An Imperfect Year, sus memorias sobre el año que pasó en tratamiento contra el cáncer de mama. Trabajó 13 años en Merriam-Webster, Inc. Vive en Wilmington, NC con su esposo Jonathan Smylie, y su perro Herschel.